Este 2026 empezó distinto…
No con metas nuevas, ni con la agenda llena para los siguientes meses, ni con proyectos en puerta.
Por el contrario, lo inicié sintiéndome frágil. No rota, ni derrotada… Simplemente triste, con mucha nostalgia y sin ganas de avanzar; solo con el deseo de mantenerme en un lugar seguro: al lado de mi familia y de mis amigos cercanos.
Si deseas saber qué sucedió en mi vida el año pasado, te invito a leer este artículo: El último adiós de un Amor Eterno
Hubo días en los que solo quería estar sola, sin ver ni hablar con nadie, días en los que me preguntaba cómo continuar, días en los que sentía que mi propósito simplemente se había desvanecido…
Y por primera vez, no intenté forzar nada, no intenté continuar como si nada hubiera pasado. No intenté demostrar que estaba lista, ni repetir el patrón de que, como siempre, puedo con todo…
Me di permiso de estar donde estaba: de llorar, de estar triste, de procesar mi duelo. Aprendí a sostenerme desde un lugar distinto al que siempre me había sostenido.
Aun así, en enero me tocó ordenar lo pendiente, porque cuando alguien se va, no solo se vive el duelo… también se enfrenta todo lo que queda. También tuve que ocuparme de mis propios asuntos y dejar listo en México lo necesario para que las cosas sigan funcionando aún en mi ausencia.
En enero también me permití empezar a recoger los pedacitos que quedan de mí como mentora. Así nació mi primer Vision Board… pero esa será una nueva historia…
Febrero llegó con movimiento, un mes corto de por sí, que además se sintió como una vuelta a la realidad. En dos semanas estuve en tres países y cuatro ciudades… Mucho ruido exterior… pero por dentro sentí que todo empezaba a acomodarse de nuevo.
Durante estos meses fuera de línea, algo ha hecho eco en mí: Hoy sé que no quiero volver a mis mismos pasos, quiero seguir avanzando… pero desde otro lugar.
Y ahora marzo, no lo siento como un regreso más. Lo siento como cuando algo dentro de ti se alinea y encuentras una fuerza diferente.
Mis ideas están más claras, mi misión y mi visión son más conscientes, más alineadas con la forma en la que hoy quiero continuar liderando. Vuelvo más conectada conmigo y eso lo cambia todo.
Porque a veces crecer es detenerse, sentir, ordenar… para poder continuar.
Si algo he aprendido en estos meses es que no todo regreso tiene que ser inmediato. Algunos regresos se construyen en silencio… y así fue el mío.
Te comparto esta historia porque sé que no siempre hablamos de las pausas. Y sin embargo, son parte esencial del camino.
Si hoy estás en un momento de silencio, de ajuste o de reconfiguración… confía en que no es retroceso, es preparación.
Si algo de esto resonó contigo, me encantaría leerte...
ROSA BALAM MAY
BALMAY CONSULTING